Hoy me ha llamado un amigo para comentarme una noticia que conocíamos desde principios de año: la organización de una cena de reencuentro con los compañeros de clase del instituto.Teniendo en cuenta que si hay una época que odio es precisamente mi época en el instituto, la cosa está bastante clara, por mucho que mi amigo me intente convencer, máxime cuando no he vuelto a pisar el instituto desde que recogí las notas de selectividad, allá por junio de 1999.
Nunca he entendido la manía que tenemos de copiar todas las costumbres americanas: ceremonias de graduación en el instituto o en la universidad, anuarios con las fotografías y las cenas de reencuentro, que para mi gusto, es el peor producto que hemos podido importar.
Todo esto me recuerda películas del cine americano que han retratado de mayor o menor forma e
ste tipo de cenas de reencuentro. La primera que se me viene a la cabeza es Romy & Michele, lógicamente salvando las distancias con Mira Sorvino y Lisa Kudrow, película con 5.8 puntos sobre 10 en IMDB y que se centra en dos amigas que acuden a una fiesta de reencuentro con sus compañeros del instituto, esos que se metían con ellas y las torturaban, y en vez de no acudir a la fiesta (que es lo que hubiera hecho yo), se inventan lo que les hubiera gustado que fuesen sus vidas e intentan aparentar lo que no son.
ste tipo de cenas de reencuentro. La primera que se me viene a la cabeza es Romy & Michele, lógicamente salvando las distancias con Mira Sorvino y Lisa Kudrow, película con 5.8 puntos sobre 10 en IMDB y que se centra en dos amigas que acuden a una fiesta de reencuentro con sus compañeros del instituto, esos que se metían con ellas y las torturaban, y en vez de no acudir a la fiesta (que es lo que hubiera hecho yo), se inventan lo que les hubiera gustado que fuesen sus vidas e intentan aparentar lo que no son.Este tema suele ser recurrente en todas las películas que tratan este tipo de reuniones: aparentar lo que no se es. Estas son las típicas reuniones en los que la gente se compara entre sí para ver a quién le va mejor, quién gana más dinero, quién tiene el mejor trabajo, etc como si "ser el mejor" fuese equivalente a ser feliz.
Volviendo al tema del inicio, pagar 33€ para reencontarte con gente a la que no ves desde hace una década, para ver cómo se emborrachan, para encontrarte con gente que no soportabas y con la que no hablabas en esa época (bueno, más bien era al revés), gente que se metía contigo y/o te hacía la vida imposible... en fin, que es un desembolso al que no le veo rendimiento alguno.
Supongo que hay gente que le ve sentido a este tipo de reuniones, seguramente para reencontrarse con gente que no ve desde hace una década, pero yo me planteo la siguiente cuestión: si no he visto a alguien durante diez años, si no hemos mantenido el contacto durante una década, ¿no será que nuestros caminos no tienen nada que ver? ¿no será que no nos unía nada entonces y, por tanto, menos ahora?. La gente con la que mantengo contacto, tanto del colegio, como del instituto, la universidad o el trabajo, son gente que para mi son especiales por algo, son mis amigos o tenemos proyectos comunes.
Hará un año me encontré a una persona que solía venir a mi casa a estudiar durante el año de COU. Realmente no éramos amigos, básicamente nos juntábamos con grupos distintos, sólo teníamos en común un objetivo: preparar bien los exámenes. Cuando terminó COU, cada uno siguió su camino en carreras distintas y no volvimos a hablar hasta que nos encontramos el año pasado en el centro. ¿Qué me preguntó?, pues me preguntó: ¿qué sabes de la pandi del instituto?; en fin, a eso lo llamo vivir anclado en el pasado.
No me veo yo en esa reunión, ni me veo con una pegatina pegada en la chaqueta con mi nombre, por si alguien no me recuerda (que sería lo normal), no me veo hablando con la gente que me lo hizo pasar tan mal, no me veo disfrutando de esa celebración...
Vamos, que no pienso ir.
Supongo que hay gente que le ve sentido a este tipo de reuniones, seguramente para reencontrarse con gente que no ve desde hace una década, pero yo me planteo la siguiente cuestión: si no he visto a alguien durante diez años, si no hemos mantenido el contacto durante una década, ¿no será que nuestros caminos no tienen nada que ver? ¿no será que no nos unía nada entonces y, por tanto, menos ahora?. La gente con la que mantengo contacto, tanto del colegio, como del instituto, la universidad o el trabajo, son gente que para mi son especiales por algo, son mis amigos o tenemos proyectos comunes.
Hará un año me encontré a una persona que solía venir a mi casa a estudiar durante el año de COU. Realmente no éramos amigos, básicamente nos juntábamos con grupos distintos, sólo teníamos en común un objetivo: preparar bien los exámenes. Cuando terminó COU, cada uno siguió su camino en carreras distintas y no volvimos a hablar hasta que nos encontramos el año pasado en el centro. ¿Qué me preguntó?, pues me preguntó: ¿qué sabes de la pandi del instituto?; en fin, a eso lo llamo vivir anclado en el pasado.
No me veo yo en esa reunión, ni me veo con una pegatina pegada en la chaqueta con mi nombre, por si alguien no me recuerda (que sería lo normal), no me veo hablando con la gente que me lo hizo pasar tan mal, no me veo disfrutando de esa celebración...
Vamos, que no pienso ir.

1 comentarios:
"¿no será que nuestros caminos no tienen nada que ver? ¿no será que no nos unía nada entonces y, por tanto, menos ahora?"
Los caminos del Señor son inescrutables.
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